Comparación histórica de 1870 entre las calles modernas de París y una aldea tradicional de Corea, ilustrando el Milagro Coreano.

Entre las alpargatas y el impresionismo: El Milagro Coreano tras los pasos de Monet

Mientras recorría la exposición de Monet en el Teatro Colón, reflexioné sobre el Milagro Coreano. En primer lugar, el pincel de Monet en 1870 retrataba una París moderna. Había grandes avenidas, estaciones de tren y damas elegantes. Por el contrario, la Corea de ese mismo año vivía una realidad opuesta. Nuestra historia estaba sumida en un silencio casi olvidado.

El gran contraste de 1870: Corea y el mundo de paja

En aquel tiempo, mi país vivía el final de una sociedad agrícola. Por ejemplo, usábamos jipsin (alpargatas de paja) y vivíamos en casas humildes. Mientras tanto, París vibraba con el impresionismo y la industria. Nosotros, en cambio, caminábamos por senderos de tierra. En consecuencia, la diferencia entre ambos mundos era abismal y profunda.

La brecha del desconocimiento y el aislamiento total

Además, lo que más me conmovió fue la falta de información. Mis antepasados no sabían que existía un mundo tan deslumbrante. De hecho, el horizonte terminaba en las montañas vecinas. Por esta razón, no conocían las locomotoras ni el alumbrado a gas. Así pues, esta distancia no era solo económica, sino también una brecha de imaginación.

El motor del Milagro Coreano: Sacrificio y Educación

Sin embargo, logramos superar este vacío. El motor principal de este Milagro Coreano fue el sacrificio de nuestros padres. Tras la guerra, la prioridad absoluta fue la educación. Por lo tanto, los padres coreanos pasaban hambre por sus hijos. «Yo no estudié, pero mis hijos irán a la escuela», decían. En resumen, esa voluntad fue el combustible de nuestra nación.

Evolución del Milagro Coreano: contraste entre la Corea rural de 1870 en sepia y la moderna ciudad de Seúl en 2026 con luces nocturnas.

Patriotismo y el esfuerzo de toda una generación

Asimismo, nuestros abuelos antepusieron el país al bienestar individual. Mientras otros disfrutaban del ocio, los coreanos trabajaban sin descanso. Como resultado, su sudor pagó nuestra prosperidad actual. Por consiguiente, no fue suerte, sino un esfuerzo colectivo. Gracias a ellos, el Milagro Coreano es hoy una realidad palpable.

La posición de Corea hoy: Un liderazgo global

Actualmente, el Milagro Coreano nos sitúa en la vanguardia global. Por suerte, ya no somos simples observadores. Ahora, el mundo consume nuestra música, cine y tecnología. En otras palabras, la distancia que parecía eterna en 1870 ha desaparecido por completo. Efectivamente, nuestra voluntad de hierro borró los siglos de diferencia.

«Esta transformación ha sido tan veloz que, a veces, incluso para nosotros los coreanos resulta abrumadora. De hecho, en mi último viaje a Corea, me sentí como un extraño ante cambios tan rápidos que apenas podía reconocer. [puedes leer más sobre mi experiencia personal con este cambio vertiginoso aquí]

Un orgullo basado en la superación de nuestra historia

Para concluir, la precariedad del pasado no es una sombra vergonzosa. Al contrario, es la medalla más gloriosa de nuestra historia. Por ejemplo, cada rascacielos en Seúl representa ese camino difícil. Por todo esto, siento un orgullo ardiente por mis raíces. En definitiva, Corea escribió la historia de superación más impactante del mundo moderno.

Buenos Aires, 2026 Por Bea

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